<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://jugador_s.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>De Quimeras y Enso&#xF1;aciones</title><description>Bienvenidos al Mundo de la Fantas&#xED;a</description><link>https://jugador_s.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Llegar</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2007/080401-llegar.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2007/080401-llegar.php</guid><description><![CDATA[<p>Un d&iacute;a un surfista estaba sentado en la arena de la playa junto a su tabla de suft , estaba cayendo el d&iacute;a, y solitario sobre la playa miraba ponerse el sol en el horizonte, una nubes hac&iacute;an de cortinas por encima del astro rey y reflejaban su rojizo tono color pastel. </p><p>Una sombra le ocult&oacute; por un instante aquel paisaje y semienojado farfull&oacute; unas palabrotas contra el inoportuno individuo que se paseaba por delante de &eacute;l en aquel preciso instante, justo en el apoteosis de aquel bello espect&aacute;culo y en una playa tan enorme y pr&aacute;cticamente desierta. </p><p>El desconocido le salud&oacute;, pidi&oacute; permiso para sentarse a su lado y sin esperar su respuesta se acomod&oacute; tranquilamente del otro lado donde reposaba la tabla de suft. </p><p>El surfista no pudo por menos que dejar de contemplar su puesta de sol y observar curioso al poliz&oacute;n que se hab&iacute;a invitado a s&iacute; mismo a sentarse a su lado. Estaba sentado a menos de medio metro de &eacute;l, con las piernas flexionadas y las manos sujetando sus rodillas. Llevaba puesto un sombrero de paja de ala muy ancha que ladeaba semiocultando su rostro, una camisa rosada y un pantal&oacute;n corto que le cubr&iacute;a medio muslo. </p><p>Callaba. </p><p>Miraba la puesta de sol. </p><p>El surfista, intrigado por aquella figura humana que le acompa&ntilde;aba en silencio y que manten&iacute;a su mirada fija en el horizonte, le pregunt&oacute; : </p><p>- &iquest;Qu&eacute; estas mirando? </p><p>- El cuadro de Dios - le respondi&oacute; una voz suave y casi infantil - </p><p>Supo al instante que era una mujer, y perdiendo todo inter&eacute;s en aquel paisaje en el que se funde la tierra, el mar, y el sol, que hasta un instante antes le embargara los sentidos, se apoder&oacute; de &eacute;l otro af&aacute;n, el de una compa&ntilde;&iacute;a humana, femenina ... </p><p>- &iquest;El cuadro de Dios? &iquest;De que hablas? &iquest;Quien eres? Oye... &iquest;T&uacute; est&aacute;s bien? - le contest&oacute; intrigado y algo molesto por su actitud invasora de su espacio vital personal , y a la vez halagado y contento por que alguien, una mujer, le acompa&ntilde;ara. </p><p>- Hablo de la puesta de sol - respondi&oacute; - </p><p>- Lo supuse, no soy idiota &iquest;sabes? . Cuando te he preguntado qu&eacute; estabas mirando, mirabas la puesta de sol, pero nunca le o&iacute; a nadie hablar de ella como El cuadro de Dios. </p><p>- Mira, hoy ya lo ha finalizado, ma&ntilde;ana volver&aacute; de nuevo a pintarlo otra vez. </p><p>La mujer se levant&oacute; lentamente, se sacudi&oacute; la arena, se quit&oacute; el sombrero de paja y mirando hacia el surfista, le pregunt&oacute;. </p><p>- Y t&uacute; ... &iquest;Qu&eacute; haces aqu&iacute; tan solitario? </p><p>El surfista, sin levantarse de la arena, con las piernas extendidas y las manos apoyadas atr&aacute;s en el suelo, mirando al mar le contest&oacute; : </p><p>- Estoy esperando una ola. </p><p>El mar estaba picado, revuelto, a lo lejos olas de un considerable tama&ntilde;o romp&iacute;an sobre la playa, olas de color azul y blanco, perfectas para un surfista, olas para poder jugar en ellas con la tabla que sin embargo vagueaba a su lado. </p><p>La extra&ntilde;a, mir&oacute; al mar, mir&oacute; las olas perfectas, mir&oacute; al surfista y le respondi&oacute; : </p><p>- Nunca llegar&aacute;s a ninguna parte si tan solo te quedas mirando y esperando una ola, est&aacute;n ah&iacute;, en el mar, s&oacute;lo has de levantarte, coger tu tabla y zambullirte en ellas. &iquest;Acaso no las ves? . Nunca llegar&aacute;s a ninguna parte si te limitas a esperar. </p><p>Dichas esas palabras, la mujer se alej&oacute; lentamente pisando la blanqu&iacute;sima arena de la playa, mientras a sus espaldas, el surfista dec&iacute;a... </p><p>- Eso depende de a donde quiera llegar. </p>]]></description><pubDate>Sat, 04 Aug 2007 19:36:00 +0000</pubDate></item><item><title>La favorita del coronel</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2007/042702-la-favorita-del-coronel.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2007/042702-la-favorita-del-coronel.php</guid><description><![CDATA[<p>D&eacute;jame hijo que te cuente un curioso cuento de supervivencia, sin vendas en los ojos, con el recuerdo aun quemando dentro. D&eacute;jame hablar sin juzgarme, solo ante Dios he de rendir cuentas, ni t&uacute; ni nadie, &oacute;yeme bien, ten&eacute;is ning&uacute;n derecho a enjuiciarme. Te quiero, bien sabes Dios que te quiero. <br />Mi pecado ha sido nacer mujer y bonita, nunca lo ped&iacute; y he cargado con esa cruz en esta jungla donde el &uacute;nico depredador del hombre es el propio hombre. Ser hermosa y jud&iacute;a, esos fueron mis &uacute;nicos pecados. <br /><br />En el campo de concentraci&oacute;n no era Sara, sino un n&uacute;mero entre tantos otros, los primeros d&iacute;as dorm&iacute;a el dulce sue&ntilde;o de la ignorancia, esperanzada con la liberaci&oacute;n y a pesar del horror de aquel rinc&oacute;n siniestro, confundida entre la masa de esqueletos fam&eacute;licos, mujeres hambrientas, enfermas, afiebradas, mugrientas, conservaba mi dignidad, era una m&aacute;s, me sent&iacute;a &uacute;til ayudando a los m&iacute;os, compartiendo nuestras miserias y miedos, nuestra sopa aguada, nuestros trabajos extenuantes, los gritos, golpes y patadas de los guardianes durante las marchas a los campos de trabajo, el g&eacute;lido viento en las interminables formaciones y el calor de nuestros solapados cuerpos sobre las tablas de las literas de los barracones con olor nauseabundo a orines y podredumbre, al que nunca te acostumbras del todo, como nunca llegar&aacute;s ni a imaginar, hijo m&iacute;o, las atrocidades, vilezas y torturas que el hombre es capaz de perpetrarse a si mismo. <br /><br />La belleza es una pesada losa dif&iacute;cil de esconder, sin lugar a donde huir te traiciona cual vil delator y te abraza a las puertas del infierno. Cuando "los capos" se percataron de ello, empez&oacute; mi calvario. <br />Me despojaron de lo poco que aun me quedaba, de aquello que cre&iacute;a inquebrantable, mi dignidad, la cual se iba haciendo jirones al ritmo con que mi ropa se desgarrada entre las envilecidas manos de unos guardianes que la iban rasgando. Quise estar muerta. Sent&iacute;a manosear mi cuerpo con una lascivia animal. Les grit&eacute; compasi&oacute;n y no me oyeron, le rogu&eacute; a Dios, pidi&eacute;ndole que se apiadara de mi y &eacute;l me escuch&oacute;. <br />Me dejaron desnuda en la semipenumbra de aquel cuartucho, tiritando aterida de fr&iacute;o y miedo, sin percatarme que una sombra me miraba con deseo a escasos metros. Sent&iacute; una capa sobre mis hombros tapando mi ajada palidez y la voz firme de un hombre que se&ntilde;alando un montoncito de ropa nueva, con voz de mando me ordenaba : "V&iacute;stete y vete. No es el momento". <br /><br />Rechazaba irascible y enojada los halagos del coronel, sus agasajos y presentes, pero mis privilegios en el campo de concentraci&oacute;n se hicieron ostensibles, en la sopa de mi cuenco nadaban patatas y carne, me libraban de las tareas m&aacute;s penosas, gozaba de tiempo libre incluso para disfrutar de minutos de soledad, todo un verdadero lujo aquello, ascend&iacute; al nivel de protegida a costa de ganarme la antipat&iacute;a y recelo del resto de prisioneras. La putita del coronel, me llamaban. Esa infamia denigrante mancillaba mi honor, y el estigma de la calumnia me sepult&oacute; bajo sus pies. Era inocente, pero se burlaban de m&iacute;. Repudiada por mi propia gente, mancillado mi honor, agredida y despreciada por todos hasta la humillaci&oacute;n m&aacute;s vergonzante y atroz, era cuanto pod&iacute;a soportar, hab&iacute;a algo peor que ser jud&iacute;o, ser tildado por los de tu raza de colaborador y concubina con los asesinos de tu pueblo. Cuando te arrebatan tus valores, tus principios morales, tu individualidad y solo te dejan el instinto animal de supervivencia, de pertenencia a una masa denigrada donde hallas un m&iacute;nimo de calor y hasta ese derecho te lo coartan, expuls&aacute;ndote como a un leproso apestado, cuando era inocente, dime, hijo m&iacute;o&hellip; &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer cuando todos me daban la espalda escupi&eacute;ndome insultos?. <br /><br />En aquel solitario granero por el que se filtraban amargos resabios de sol entre las ca&ntilde;as, se consum&oacute; la bajeza de mi descr&eacute;dito, entre todos me perdieron, me juzgaron previa e injustamente, pues que su sentencia acusadora de meretriz no caiga en falacia. <br />El coronel me ordenaba cerrar el port&oacute;n tras de m&iacute; y yo as&iacute;a el quicio del batiente con mis manos estropeadas y aviejadas y jalando de &eacute;l descorr&iacute;a aquel madero ante las sordas miradas de los "capos" que me hab&iacute;an escoltado hasta all&aacute; y esperaban pacientes para regresarme de nuevo al horror de la ignominia y rechazo de aquellos otros a quien quer&iacute;a. <br />Ni t&uacute; ni nadie puede juzgarme, hijo, ni aun siquiera que en mi misma situaci&oacute;n y con toda honestidad hubieses rechazado aquellos favores. Lo que al principio fue asco y desprecio, una repugnancia y un hast&iacute;o hasta la nausea, lleg&oacute; a transformarse en una incipiente necesidad de protecci&oacute;n de aquel hombre frente a mi propia estirpe, que me vilipendiaba y ultrajaba en forma que dol&iacute;a m&aacute;s que aquellas vejaciones voluptuosas de un coronel &aacute;vido del placer de la sexualidad que su leg&iacute;tima mujer no le proporcionaba. <br /><br />Cuando la pasi&oacute;n se consume como un cigarrillo mal apagado, el hombre poderoso y saciado tira la colilla de nuevo al fango y la escoria inmunda vuelve al lugar de donde nunca debi&oacute; haber salido. <br />S&eacute; que nunca ha de llegarte este mensaje, hijo m&iacute;o, solo hay silencios de desesperanza y apat&iacute;a mezclados con silbatos y gritos de ordeno y mando, cre&iacute;a que no podr&iacute;an despojarme de nada m&aacute;s, pero con la cabeza afeitada y mi grotesco aspecto enfermizo y decr&eacute;pito, en la ma&ntilde;ana partimos en convoy hacia el campo de Auschwitz. Jam&aacute;s llegar&aacute;s a saberlo, pero has de sentirte orgulloso de la sangre jud&iacute;a que corre por tus venas, de la dignidad e integridad de tu progenitora, de su limpieza de alma y aunque ahora tu brazo lo adorne una esv&aacute;stica, y tu padre desfile orgulloso contigo en brazos, te prometo hijo m&iacute;o que te llevar&eacute; siempre conmigo.</p>]]></description><pubDate>Fri, 27 Apr 2007 23:13:00 +0000</pubDate></item><item><title>La esdr&#xFA;jula malvada</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2007/042701-la-esdrujula-malvada.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2007/042701-la-esdrujula-malvada.php</guid><description><![CDATA[Hab&iacute;a una vez un museo de arte contempor&aacute;neo cuyos objetos inanimados pose&iacute;an vida. Hablaban, discut&iacute;an de arte, se contaban chismes varios. Hostiles los unos, ben&eacute;volos los otros, todos con opini&oacute;n, con sus diatribas y verborreas de locuaces charlatanes de feria que mascullaran pedantes palabras. <br />Esdr&uacute;jula viv&iacute;a en ese pa&iacute;s, el de las palabras, de oscura tez, cabellos negros, ojos azabache, ropajes oscuros, era la primog&eacute;nita de tres hermanas; Llana, de mediana estatura, ni fea ni guapa, ni gorda ni flaca, ni alta ni baja, de medianas formas; como el jueves, siempre en medio, y Aguda, de piel muy blanca, usaba prendas claras, de lindos cabellos rubios, y pulcros zapatos, era inteligente, pizpireta, casquivana y muy vivaz, las cazaba al vuelo. <br /><br />A Esdr&uacute;jula le importaba un bledo el qu&eacute; dir&aacute;n, ella no pose&iacute;a sentido com&uacute;n, mordaz y beligerante, desafiaba la coherente congruencia de las obras de arte y de las reglas sem&aacute;nticas y gramaticales. <br />Su influencia estaba siendo nociva en un museo con tradiciones, pues rebelde, coqueta y apasionada, cre&iacute;a en el libre reparto de v&iacute;rgulas para todas las palabras y presum&iacute;a de haber conseguido el derecho para &ldquo;su gente&rdquo; de ir adornadas siempre con una tilde sobre sus vocales. <br />Todas las esdr&uacute;julas vamos acentuadas &ndash; se ufanaba vanidosa- y pobre de aquel que se olvide &oacute; por ignorancia caiga en el error de no pintar la v&iacute;rgula que en derecho a mi familia ata&ntilde;e. <br /><br />Sus dos hermanas la tachaban de roja, de bolchevique, de dilapidar despilfarrando entre toda su casta, ya fuesen patricios &oacute; plebeyos, proletarios &oacute; burgueses, el m&aacute;s preciado tesoro que pose&iacute;an, las tildes, &iexcl;C&oacute;mo si acaso todas las palabras fuesen iguales &oacute; con los mismos derechos! &iexcl;Qu&eacute; todav&iacute;a quedaban clases, por favor!. <br />A escondidas chismorreaban que ten&iacute;a cuernos y rabo, gastando tridente. <br />El diptongo la llamaba vieja. El triptongo, loca. La di&eacute;resis, opinaba que era una vieja loca. Pues avarientos y egoc&eacute;ntricos, pertenecientes al selecto club de arist&oacute;cratas con bomb&iacute;n de alta alcurnia, reclamaban pretenciosos, en exclusividad, el derecho al uso y disfrute de las virgulillas. <br />Entre ellos la apodaron la Esdr&uacute;jula malvada. Mas estaban equivocados. <br /><br />Esdr&uacute;jula bland&iacute;a su bandera de igualdad, esgrimiendo que si sarc&aacute;stico, ir&oacute;nico, sat&iacute;rico, c&iacute;nico e imp&uacute;dico gozaban del privilegio ornamental de la tilde, &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;an de hacerlo las dem&aacute;s palabras? . Inclusive, atrev&iacute;ase a opinar que la taca&ntilde;er&iacute;a de Llana y la ro&ntilde;oser&iacute;a de Aguda les imped&iacute;a adornar con v&iacute;rgulas a nobleza, afecto, franqueza, humildad, lealtad, honestidad, y muchas m&aacute;s. <br /><br />Esdr&uacute;jula volaba por todos los rincones del museo en una aspiradora de arcilla, en vez de escoba. Moderna que era ella. Sin necesitar de br&uacute;jula alguna para hallar su norte. Se hac&iacute;a de querer tan solo por el arlequ&iacute;n de trapo, por el monigote de hierro, por la semiesfera de m&aacute;rmol y por el tapiz inacabado, y de odiar por el resto de objetos del museo, en su mayor&iacute;a por desconocimiento, obstinados en confundir la liberalidad con el libertinaje. <br /><br />Aguda y Llana, celosas, ego&iacute;stas y envidiosas del libre albedr&iacute;o de Esdr&uacute;jula, quien hac&iacute;a a su antojo su capricho, maquinaron un mal&eacute;volo plan para someter a escarnio a su petulante mequetrefe hermana y en aquiescencia con el par&eacute;ntesis urdieron un vil plan. <br />&iexcl;Encerrarla para la eternidad&iexcl; <br />La dificultad estribaba en subyugarla, &iquest;C&oacute;mo hacerlo?, &iquest;C&oacute;mo cortar las alas a su aspiradora y enchiquerar su voluntad de luchadora nata?. <br />Consultaron con la m&aacute;s sabia, la interrogaci&oacute;n, y &eacute;sta, con la altivez del conocimiento, irascible y hura&ntilde;a, les espet&oacute;: &iquest;Se puede acaso vivir con miedo?. <br /><br />Intimidar a Esdr&uacute;jula no ser&iacute;a f&aacute;cil. <br /><br />Cuando en su visita cultural anual, los alumnos de educaci&oacute;n infantil visitaron el museo de arte contempor&aacute;neo, contemplaron en una de sus salas, una figura de arcilla que asimilaba ser aspiradora junto a dos met&aacute;licas de hierros retorcidos de aspecto brujeril, y sobre la pared, dos cuadros con sendas fotograf&iacute;as, en una de ellas, dos manos de mujer se aferraban al quicio de una puerta, como si flotase volando horizontal y huidizamente oculta tras de ella, mas con anhelos de fuga de aquel l&uacute;gubre aposento y un algo m&aacute;s all&aacute; de afuera se lo impidiese. <br />La otra fotograf&iacute;a enmarcada era, con su hermoso cielo rojo del ocaso, &ldquo;El grito&rdquo;, de Edvard Munch, quien declar&oacute; haberlo pintado, cuando angustiado, temblando de ansiedad, sinti&oacute; un grito infinito que atravesaba la naturaleza. <br /><br />El profesor sonri&oacute; divertido ante la febril imaginaci&oacute;n de uno de sus alumnos, cuando en un ejercicio de redacci&oacute;n sobre las impresiones de la visita al museo de arte contempor&aacute;neo escribi&oacute;: <br />&ldquo;Dos brujas malas encerraron entre par&eacute;ntesis a una bruja buena y para que no escapara pusieron a su lado a un hombre loco gritando para asustarla y no dejarla salir.&rdquo;]]></description><pubDate>Fri, 27 Apr 2007 22:47:00 +0000</pubDate></item><item><title>Pantomima</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2007/041701-pantomima.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2007/041701-pantomima.php</guid><description><![CDATA[<p>La farsa busca actores aficionados para ser observados entre bambolinas.<br />Llegaron los titiriteros al pueblo en un d&iacute;a de moscas y chicharras chillonas, eran tres carretas, perro flaco y colores arco iris, campanillas y polvo del camino. <br />Instalaron su campamento en la plaza del pueblo, tras invitar a vino al alguacil convid&aacute;ndole en la &uacute;nica venta del lugar y pagar dos monedas de impuestos al ayuntamiento y vocearon su innecesaria presencia, por ya conocida, entre las destartaladas callejas de piedra y adobe. Ca&iacute;a un sol de justicia en la Mancha llana. <br />Cuatro sillas mal puestas en el corral, un tablao m&aacute;s flamenco que teatral y la luna verde de espectadora solitaria aguardaban la farsa de los c&oacute;micos n&oacute;madas. Las almas llegaban asomando asustadas y retraidas, timoratas, entre las bocacalles, boinas y sayas, fajas y pana, cayados y pa&ntilde;uelos monocromos, semblantes agriados de color terru&ntilde;o, alg&uacute;n borracho malencarado y puntuales mocosos de pantalones cortos caidos con tirantes descoloridos. <br />A la luz de los candiles, antorchas de brea y luci&eacute;rnagas no invitadas, en la noche verde de luna, brillaba un retablo de actores que cantaron,horas ha, representar El sue&ntilde;o de una noche de verano de un tal hombre de nombre extra&ntilde;o, que sonaba a estornudo de fiebre del heno, al que tan s&oacute;lo el p&aacute;rroco y el maestro aspiraban minimamente conocer. <br />Tras el tel&oacute;n de manta ajada se mov&iacute;an bultos. <br />En los asientos se arremolinaban los intranquilos. <br />O&iacute;anse voces de chiquillos y un gram&oacute;fono destemplado. <br />Las autoridades iban llegando, y el espect&aacute;culo comenzaba.<br />El cura, el alcalde y su mujer, dos caciques terratenientes y sus gruesas costillas parlatanes acaparaban la fila primera. Tras ellos, el m&eacute;dico, el maestro, el agualcil, la guapa, el tonto del pueblo, y detr&aacute;s el resto del pueblo entero, salvo enfermos y alg&uacute;n extraviado por las trochas del campo.<br />Cruj&iacute;an los tablones por donde trepaban los c&oacute;micos de la legua, escal&oacute;n a escal&oacute;n, con parsimonia, hac&iacute;endose ver sus estrafalarios amuletos, adornos, campanillas, espantamoscas coloridas, panderetas, aros, caretas y mil aperos verbeneros.&nbsp; <br />Se descorrieron las cortinas, atron&oacute; un tambor de lata, y tras una reverencia desganada, mil veces ensayadas, el tablao qued&oacute; con un tramoyista recitando un soliloquio introductorio. Caras serias en el respetable. <br />Se da por comienzo la pantomima. Dos actores saltimbanquis danzan piruetas sobre las tablas, malamente interpretadas, alguna primera carcajada de desaprobaci&oacute;n desde las &uacute;ltimas filas de chiquillos dotados de mayores proezas malabares en sus juegos cotidianos.<br />Los dos titiriteros, cansados, se sientan al borde del tablao, cesa todo aspaviento y en el silencio se oyen volar las polillas sobre los candiles. Silencio. Las polillas se estrellan contra la luz mortecina y bailarina que tiembla sombras de fantasmas sobre carcomidas maderas.<br />Silencio, silencio.Empieza el mayor espect&aacute;culo del mundo, los dos coloristas c&oacute;micos, c&oacute;modamente instalados a horcajadas sobre las pisoteadas tablas del escenario contemplan la obra que se ahora se desarrolla en el patio de sillas, miran divertido la funci&oacute;n de teatro, los actores se transmutan en espectadores y estos en acotores. <br />Comienza la farsa, la pantimina, el sue&ntilde;o de una noche de verano en una campi&ntilde;a mesetaria abri&eacute;ndose el tel&oacute;n para que actuen los ciudadanos del mundo :&nbsp;&nbsp; </p><p>Un pueblerino le pide al primer cacique m&aacute;s tiempo para el pago de una renta atrasada, un ni&ntilde;o de pecho reclam&aacute; el man&aacute; infantil a su madre nuevamente en cinta, el m&eacute;dico sujeta con vendas un brazo en cabestrillo. Papagayean de la hija de fulana y del hijo del beltrano las viudas viejas congregadas en el ala izquierda, patalea de sue&ntilde;o y hambre un chiquilicuatre harapiento, se rasca la barriga un viejo aburrido, discute una pareja por qu&iacute;teme all&aacute; usted esos trastos, el alcalde se apoya sumiso en su cayado ante los caciques que miran de soslayo las juveniles formas de la guapa sentada detr&aacute;s que coquetea con el hijo del m&eacute;dico, el alferez de permiso, y mientras miran actuar a los espectadores, los dos c&oacute;micos que les miran desde el tablado, les aplauden, alguna vez r&iacute;en, otras chillan, otras, divertidos, lanzan sus copetes de lana con escarapela y campanillas hacia la luna verde para atraparlos en el aire. Y tras de ellos, el resto de la comparsa venida de lejos en carromatos, tambi&eacute;n observa la vida, y vuelan un par de tomates y huevos que pringan al estrellarse de rojo y trigo al risue&ntilde;o tonto del pueblo.&nbsp;&nbsp; </p><p>En la m&aacute;gica noche de los c&oacute;micos, un domingo cualquiera, el viceversa y la paradoja juegan a la pantomina, al ser los sue&ntilde;os sue&ntilde;os, es el pueblo&nbsp; quien hacen cosas ante los c&oacute;micos mientras ellos miran, les juzgan y critican. <br />Qu&eacute; siga el espect&aacute;culo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /></p>]]></description><pubDate>Tue, 17 Apr 2007 19:31:00 +0000</pubDate></item><item><title>Hija de Venus y Marte</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2006/050201-hija-de-venus-y-marte.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2006/050201-hija-de-venus-y-marte.php</guid><description><![CDATA[<p>Fueron uno en un tiempo, un tiempo pluscuamperfecto, se desgajaron por disparidad de conceptos, por actitudes divergentes, intranscendentes en el fondo, pero elocuentes en la forma, fueron uno, pero dejaron de serlo. Uno se hizo c&aacute;lido y tierno, bello y fr&aacute;gil, al otro se le hel&oacute; el coraz&oacute;n batallando consigo mismo, buscando una autonom&iacute;a de la que carec&iacute;a al estar fusionado con otro cuerpo extra&ntilde;o. </p><p>Hab&iacute;a un solo planeta con dos lados, en un ciclo atr&aacute;s de la formaci&oacute;n del sistema solar, mas con dos masas heterog&eacute;neas, unidas con fuerzas latentes a trav&eacute;s de una enorme falla que denotaba asperezas diversas. Y el roce les desgast&oacute;. </p><p>Venus se acerc&oacute; al sol, aspir&oacute; de su calor, dibuj&oacute; una senda cercana al latido protector de un dios menor, el cobijo palpitante de una mano compa&ntilde;era que le sirve de un gran espejo donde contemplar su belleza, mientras Marte, m&aacute;s guerrero, m&aacute;s fiero, se distanci&oacute; hac&iacute;a un lugar m&aacute;s apartado, un universo m&aacute;s de hielo, m&aacute;s independiente, menos conciliador, cual tenor que declama un solo en un teatro de sillas llenas de polvo. </p><p>Nada hab&iacute;a que les impidiera irse, nada, excepto una hija, el fruto del amor, un pedazo de semilla que les manten&iacute;a dando vueltas en torno suyo, en &oacute;rbitas nunca superpuestas, era la Tierra, un planeta azul, radiante de vida, hija de la belleza y de la libertad, de Venus hecha mujer y de Marte hecho hombre. </p><p>Aquella ni&ntilde;a de ojos azules naci&oacute; cuando ambos aun eran uno, un todo, de un vientre voluptuoso y germinal, una princesa que jugaba a pelota con la luna y era educada en una dual disciplina, una madre Venus mimosa y un padre Marte severo. Hija &uacute;nica. Se fue haciendo su intelecto. </p><p>El olvidado d&iacute;a de la separaci&oacute;n, la Tierra qued&oacute; en medio, una hija destetada de sus progenitores, un sat&eacute;lite entre dos planetas mayores, sus padres quedaron lejos y ella compartiendo el tiempo, a ratos muertos a ratos inciertos, con los dictados de un juez gal&aacute;ctico que juzg&oacute; quien, cuando, cuanto, como y de que modo, una hija planetaria, compart&iacute;a espacio con uno u otro progenitor. Venus gan&oacute; tiempo compartido. A Marte se le otorg&oacute; calidad. Todos perdieron en el fondo. El juez no pudo ser justo. </p><p>M&aacute;s en la V&iacute;a L&aacute;ctea, un min&uacute;sculo cuerpo redondo, gira y gira, a distancia regular, de dos puntos que en la noche brillan, confundidos entre una inmensidad de estrellas, dos padres que miran el azul color de la Tierra, oc&eacute;anos de l&aacute;grimas, que ambos vertieron un d&iacute;a de desamor, mares formados del llanto que el dolor les caus&oacute;. </p>]]></description><pubDate>Tue, 02 May 2006 10:44:00 +0000</pubDate></item><item><title>Un vampiro de chocolate</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2006/043001-un-vampiro-de-chocolate.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2006/043001-un-vampiro-de-chocolate.php</guid><description><![CDATA[<p>&Eacute;rase una vez, en un lugar de la fantas&iacute;a, de cuyo nombre quisiera acordarme siempre, hace muy&hellip;, muy poco tiempo que viv&iacute;a, un murci&eacute;lago de los de anta&ntilde;o, de capa antigua, ratonil figura y semblante amable. </p><p>Vampi Bienvenido era un vampiro singular, a diferencia de sus cong&eacute;neres, hab&iacute;a nacido de un huevo de chocolate. Nada tiene de extra&ntilde;o que por sus venas corriera agua almibarada, pues lo primero contra lo que tuvo que luchar en su vida fue con una pared de cacao y az&uacute;car, una pared incorruptible y firme, a trav&eacute;s de la cual forj&oacute; su car&aacute;cter de luchador, de loco aventurero de causas perdidas e imposibles, basado en mordiscos y lametones a trav&eacute;s de aquel muro dulce y fr&iacute;o, solitario y oscuro. Su boca no amamantaba leche, su cuerpo no ten&iacute;a el calor maternal de un abrazo ni la protecci&oacute;n del grupo, pero a cambio, ten&iacute;a chocolate, mamaba lascas de bomb&oacute;n, rodajas envueltas en vainilla y canela, y &hellip; pellizco a pellizco, mordisco a mordisco, Vampi Bienvenido le dijo los buenos d&iacute;as al mundo. </p><p>La realidad no es la vida &oacute; la muerte.</p><p>En este lugar, del que siempre me acordar&eacute;, y cuyo nombre es Imaginaci&oacute;n, la muerte no es un pozo negro &oacute; un abismo, es un trozo de papel vac&iacute;o, un hueco en un folio en blanco, el olvido, y la vida consiste en rellenarlo con quimeras, con historias bobas a veces, bellas otras, m&aacute;s nunca calladas &oacute; detenidas, sino fluyendo, con letras bailando empe&ntilde;adas en tapar con s&iacute;labas los huecos en blanco. </p><p>&nbsp;</p><p>En aquel lugar y tiempo aun no exist&iacute;an caminos sobre la Tierra, tan s&oacute;lo seres mitol&oacute;gicos y fant&aacute;sticos con los cuales un pintor podr&iacute;a pintar un pintoresco lugar de ensue&ntilde;o, poblado de cerezos cuyas flores blancas asemejaban inmortales, eternas, un lindo valle por cuyo fondo trotaba una saltarina serpiente multicolor de espumosa fragancia.</p><p>Aquel r&iacute;o ten&iacute;a un peculiar secreto. </p><p>Un secreto destinado a ser descubierto por un murci&eacute;lago despierto..</p><p>Mientras el resto de los vampiros se dedicaban a cazar, persiguiendo presas, a molestar a princesas y hadas, a jugar en complicidad con ogros y trasgos fechor&iacute;as tras granujadas, fastidiando a brujas y enredando con duendes y gnomos, el murci&eacute;lago de chocolate sol&iacute;a volar entre las ramas en flor, jugando al escondite con ardillas y a ahuyentar a las serpientes que acechaban nidos de lib&eacute;lulas junto al r&iacute;o, a discutir con las lechuzas sobre su nefasta alimentaci&oacute;n con indefensos ratones silvestres y a defender a brujas, dragones y lobos - a quienes todo el bosque consideraba, sin ser del todo cierto, lo m&aacute;s bajo de Imaginaci&oacute;n - de las habladur&iacute;as perniciosas en su contra de sus te&oacute;ricas v&iacute;ctimas, princesas, caballeros y pastores. </p><p>Pero por encima de todo, lo que le gustaba era volar, volar, volar entre las flores, sentir el aroma perfumado, el viento acariciando sus alas, su cuerpo, su cara, llenarse de la belleza de un cerezo florecido, remontar por encima de sus brazos de madera arropados de p&eacute;talos, subir, subir, subir por encima de las copas de los &aacute;rboles y desde arriba, muy arriba, extasiarse contemplando un segundo el bosque entero, que asemejaba una &uacute;nica y gigantesca flor desde lo alto, para zambullirse de nuevo, cayendo en picado en el laberinto inmaculado de p&eacute;talos blancos, zigzagueando, roz&aacute;ndolos, sintiendo su tersa blandura aterciopelada acariciar su ser, cada vez m&aacute;s r&aacute;pido y m&aacute;s lejos, m&aacute;s seguro, en aquel intrincado valle de cerezos en flor, cada vez m&aacute;s lejos. </p><p>Vampi Bienvenido se alimentaba tan s&oacute;lo de chocolate, de la c&aacute;scara del gran huevo de chocolate del cual hab&iacute;a nacido, no necesitaba comer mucho, y sin darse cuenta, las reservas se agotaron un d&iacute;a, sin que ello llegara a preocuparle, ocupado tan s&oacute;lo en volar m&aacute;s y m&aacute;s lejos a trav&eacute;s de aquel bosque de cerezos siempre en flor. Tras muchos d&iacute;as de llegar al borde del lugar prohibido, m&aacute;s all&aacute; de donde nadie del grupo se aventur&oacute; cruzar, el fin de la tierra y el inicio de lo tenebroso, Vampi lo traspas&oacute;, fustigado por una fuerza interior que le arrastr&oacute; hacia &hellip; perder durante un instante la consciencia y al retomarla darse cuenta que hab&iacute;a abandonado su mundo de Imaginaci&oacute;n, cruzando un puente, un t&uacute;nel entre dos universos, para llegar a un lugar llamado Realidad, que a diferencia de Imaginaci&oacute;n, era gris, apagado, sin calor, triste, l&uacute;gubre y sin sentido vital, todo ello lo descubri&oacute; mientras volaba sobre su cielo apagado, sus tierras ocres con &aacute;rboles desnudos sin flor, secos, sin r&iacute;os, caminos de arena parda y construcciones feas de arcilla y rocas esparcidas y api&ntilde;adas por doquier.</p><p>No le gust&oacute; nada aquel lugar, aunque lo intent&oacute; con todas sus fuerzas, luchar contra su des&aacute;nimo, buscar algo lindo en el menor detalle, fue en vano, un imposible, aquellos parajes extra&ntilde;os, "in-vampirescos", no ten&iacute;an parang&oacute;n alguno con su valle del otro lado, as&iacute; pues, decidi&oacute; regresar a Imaginaci&oacute;n, sinti&eacute;ndose culpable de su rebeld&iacute;a y desobediencia a las prohibiciones de su gran familia de quir&oacute;pteros, y al volar a ras de suelo, lo vio, un huevo enorme de chocolate, hab&iacute;a muchos de ellos, envueltos en papel de colores apagados, una punzada en el est&oacute;mago le hizo notar que ten&iacute;a hambre, pero la ignor&oacute;. Ignor&oacute; aquella regi&oacute;n irreal bautizada bajo el nombre Realidad.. </p><p>Ahora sab&iacute;a por qu&eacute; era distinto, sus ra&iacute;ces, sus or&iacute;genes estaban en Realidad, pero en cambio, sin comprender bien como, hab&iacute;a nacido en Imaginaci&oacute;n y su mundo era &eacute;ste &uacute;ltimo. Nunca nadie pudo darle una raz&oacute;n a esta pregunta, ni a&uacute;n los m&aacute;s viejos del lugar, ni los m&aacute;s sabios, ni los magos, ni los hechiceros, ni aquellos a los que sedujo a base de caranto&ntilde;as para conseguir la verdad le supieron explicar como hab&iacute;a llegado &eacute;l a Imaginaci&oacute;n, s&oacute;lo consigui&oacute; una divagante respuesta de un anciano medio ciego y falto de memoria, que insist&iacute;a en haber visto en Imaginaci&oacute;n, no uno, sino &hellip; - &iexcl;Dos huevos de chocolate! -. </p><p>Con l&aacute;grimas en los ojos, vol&oacute; y vol&oacute; alej&aacute;ndose de all&iacute;, buscando la puerta al t&uacute;nel de su memoria, de un puro regresar a la entelequia de su gente, y al despertar del regreso, una sonrisa se dibuj&oacute; en su rostro al descubrir de nuevo su valle, sus flores, m&aacute;s hermoso aun que cuando lo dej&oacute;, y aunque cansado, hambriento y culpable, retorn&oacute; entre los suyos. </p><p>Jam&aacute;s se le ocurri&oacute; a Vampi Bienvenido algo tan sencillo como volver al l&iacute;mite del bosque de cerezos, robar un huevo de chocolate de Realidad y saciarse, jam&aacute;s. </p><p>Ahora sab&iacute;a quien era, m&aacute;s no le importaba, la falta de alimento le agotaba d&iacute;a a d&iacute;a, ya no volaba entre los cerezos y la manada empez&oacute; a preocuparse por &eacute;l, realmente a preocuparse, el hambre le hab&iacute;a hecho prisionero en su telara&ntilde;a, cay&oacute; en un estado febril en el cual no era due&ntilde;o de sus actos, situaci&oacute;n aprovechada por varios quir&oacute;pteros de la bandada para secuestrarle, y a horcajadas le llevaron a la morada de un enorme drag&oacute;n volador que reposaba de sus heridas infringidas en el duelo contra un ej&eacute;rcito de caballeros, armados de lanzas, flechas y espadas. </p><p>Aquellos quir&oacute;pteros traidores le dieron a beber, contra su voluntad, bajo un estado febril de indefensi&oacute;n, de la sangre que manaba de la herida abierta por una espada en el cuello del drag&oacute;n, y &hellip; - &iexcl;Se convirti&oacute;! -. </p><p>Vampi Bienvenido se integr&oacute; al grupo, dej&oacute; de volar entre los laberintos de flor, empez&oacute; a colgarse boca abajo, para que la sangre fluyera hacia sus pensamientos, el az&uacute;car almibarado de sus venas se ti&ntilde;&oacute; de rojo, jugaba a asustar elfos en la madrugada, a cazar pitufos rosas en noches de fogatas, a conquistar vampiresas con golpes de sus fuertes alas, se integr&oacute; a la manada, con la cual batallaba en guerras de conquistas, robando ratas a lobos y lechuzas, conspirando y enjuiciando a hadas y ninfas por el delito de su bondad, &oacute; a s&iacute;lfides y nereidas por el delito de su fragilidad, &oacute; a n&aacute;yades y princesas por el delito de su belleza e inocencia. </p><p>Vampi Bienvenido la perdi&oacute;, perdi&oacute; su inocencia para sobrevivir, se hizo manada, masa vampiresca, con la que volaba al atardecer tras placeres rojos y carnales y regresaba de madrugada con los dientes chorreantes y el alma distante. </p><p>Desde que el vampiro de chocolate dej&oacute; de volar entre los cerezos, una sutil transformaci&oacute;n hab&iacute;a sucedido en el valle, lo not&oacute; una madrugada, cuando de regreso, aun no satisfecho de su &aacute;gape de sangre, emborrachado de ausencia, vio una esfera roja, brillante, sangu&iacute;nea, flotando entre los &aacute;rboles, embriagado de ansias, se lanz&oacute; sobre ella y en un vuelo rasante, con &iacute;mpetu de guerrero sediento, &aacute;vido de plasma, abriendo sus fauces, se trag&oacute; de un solo golpe, aquella primera cereza del valle. </p><p>&iexcl;No era una perla de sangre! Su obnubilado sentido le hab&iacute;a enga&ntilde;ado, ten&iacute;a un sabor a reminiscencias de chocolate, de desastres inmediatos, de inmaduro fruto que fermentando en su interior se mezcl&oacute; con sus fluidos, batallando por conquistar el cauce de sus venas, canjeando el alcohol rojo succionado de mil heridas enemigas por rojo refresco almibarado. </p><p>Todo le empez&oacute; a dar vueltas y vueltas, vueltas y m&aacute;s vueltas, y not&oacute; que el v&eacute;rtigo se apoderaba de &eacute;l, mare&aacute;ndolo, sinti&oacute; caerse, desmayado, desde lo alto, cuando quiso darse cuenta&hellip; - &iexcl;chof! -, se encontraba hundi&eacute;ndose entre las aguas fr&iacute;as del r&iacute;o, aquel contacto helado le despej&oacute; de su estupor, y luch&oacute; por ascender a la superficie, por sobrevivir, m&aacute;s no pudo evitar que una bocanada de agua entrara en su estomago al sentir que le faltaba el aire y querer respirar. Se dejaba hundir sin poder hacer nada, y en ese instante not&oacute; como una fuerza invisible le empujaba hacia arriba, hacia la vida y le dejaba exhausto, embobado y a salvo, junto a la orilla </p><p>Descubri&oacute; el secreto del r&iacute;o : &iexcl;Era dulce! &iexcl;Las aguas del r&iacute;o eran dulces! </p><p>El n&eacute;ctar de las flores del valle, anclado a las patas de las miles de lib&eacute;lulas cuando libaban sobre su c&aacute;liz, - lib&eacute;lulas que Vampi Bienvenido defendiera tiempo atr&aacute;s de reptiles y cong&eacute;neres, - se iba depositado en las cristalinas aguas, cuando estos multicolores insectos bajaban a beber, sin saber que transportaban un tesoro de az&uacute;car pegado a sus cuerpos, que al disolverse entre el correr del r&iacute;o, le confer&iacute;an al mismo, la potestad de la dulzura. </p><p>Vampi Bienvenido agu&oacute; su sangr&eacute; con el l&iacute;quido opalescente del r&iacute;o, bautiz&oacute; su hambre con cerezas c&aacute;rdenas y sinti&oacute; unas cosquillas corriendo por dentro y una necesidad creciente y agobiante de volver a volar entre los cerezos, a bailar con el haz de la luna reflejada en el agua, planeando sobre ella mientras se forman ondas con el viento que la hac&iacute;an tiritar. Se sinti&oacute; de nuevo &Eacute;l. Se sinti&oacute; de nuevo regresar a s&iacute; mismo, a su huevo de cacao con canela.</p><p>Sigui&oacute; volando, volando, y descubri&oacute; que m&aacute;s bolas rojas pend&iacute;an de los cerezos, y sab&iacute;an dulces, como el r&iacute;o, como el chocolate, y burbujas de libertad se dibujaron en su interior, rechazando su sed de sangre. </p><p>&nbsp;</p><p>Vampi Bienvenido dej&oacute; de asistir a las cacer&iacute;as en organizada manada tras la puesta de sol, y aunque empez&oacute; a sentirse algo solo, su interior estaba limpio, con el sabor dulcificado del agua mansa y las cerezas m&aacute;gicas. </p><p>El grupo no pod&iacute;a tolerar una vuelta a tan desagradable nueva condici&oacute;n y le conden&oacute; al ostracismo. La verg&uuml;enza del clan. El deshonor de la familia. El oprobio para aquella alta casta de murci&eacute;lagos con alcurnia y abolengo, de pura sangre, nunca mancillada. </p><p>La degradaci&oacute;n de la raza pod&iacute;a empezar con &eacute;l, y cuando una rama se pudre, de ra&iacute;z se ha de cortar el &aacute;rbol. </p><p>Fue juzgado y condenado por ultrajar las buenas costumbres del grupo, afrentar la val&iacute;a y el honor, deshonrar la sangre y la caza, avergonzar el buen nombre de la especie, de tal forma que acab&oacute; sentenciado con el destierro.</p><p>Cierto d&iacute;a, cuando se sent&iacute;a melanc&oacute;lico y abandonado, comprob&oacute; que ten&iacute;a una virtud de la que carec&iacute;an el resto de componentes del grupo, - &iexcl;Pod&iacute;a cambiar de color&iexcl; -, si bien es cierto, que tan s&oacute;lo del negro al blanco y viceversa, lo descubri&oacute; un d&iacute;a de primavera, mientras, como cada tarde, volaba haciendo piruetas, en su destierro, entre las flores blancas, y supo que pod&iacute;a hacerse invisible para el resto del grupo, siempre que estos penetraran en el valle, mimetiz&aacute;ndose entre las flores, cual si una de ellas se tratara, y cual fantasma, a hurtadillas, regres&oacute; al bosque del clan de los quir&oacute;pteros, desde donde, invisible, les ve&iacute;a pasar en sus idas y correr&iacute;as nocturnas, e incluso lleg&oacute; a conseguir un mimetismo tal, que era capaz de acompa&ntilde;arles, de viajar a su lado, sin que notaran su presencia, y a su modo, siempre que le era posible, salvaguardar la vida de alguna presunta presa, siempre, cual Quijote, defensor de entuertos y v&iacute;ctimas inocentes. </p><p>En Imaginaci&oacute;n, el tiempo es relativo, va hacia delante, &oacute; hacia atr&aacute;s, regresa &oacute; huye, el pasado se hace futuro &oacute; cambalache, pero en ese tiempo del pasado, instantes antes que Vampi Bienvenido viniera al mundo, que viera por primera vez en su vida el valle, otro vampiro invisible que jugaba a volar entre flores de cerezos, retuvo su juego por un instante, al contemplar una masa oscura junto al r&iacute;o dulce. Un huevo de chocolate se estaba resquebrajando bajo un cerezo del valle, bajo la atenta mirada de la vampiresa alada. Vampi no lo supo, pero su parto fue observado desde lo alto, por una quir&oacute;ptera alada. </p><p>&nbsp;</p><p>Y un tiempo despu&eacute;s, Vampi Bienvenido not&oacute; su presencia.</p><p>Una vampiresa, con la virtud de hacerse invisible, - aquella vampiresa que le viera nacer, crecer, transformarse y renacer, aquella que le salvase la vida en el r&iacute;o, aquella primera vampiresa que naciera de un huevo de chocolate -, sinti&oacute; que era el momento de dejar de ser la &uacute;nica diferente y se hizo visible para Vampi Bienvenido.</p><p>El viejo ten&iacute;a raz&oacute;n, hubo dos huevos de chocolate en Imaginaci&oacute;n y el dos es un n&uacute;mero perfecto. </p><p>Hay un lugar en un valle, donde las cerezas desaparecen misteriosamente y se ve mover el reflejo de la luna en el agua del r&iacute;o y las flores blancas de los cerezos, en noches sin viento. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sun, 30 Apr 2006 21:45:00 +0000</pubDate></item><item><title>Falso autorretrato</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2006/041801-falso-autorretrato.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2006/041801-falso-autorretrato.php</guid><description><![CDATA[<p>Era tal cual un esp&iacute;ritu atribulado que no encajaba en este mundo, dotado de una insociable altaner&iacute;a, el insatisfecho, el rebelde, el poeta marginal que merodeaba por las alcantarillas de un mundo corrompido, siempre el mismo universo, afecto de las mismas tensiones, los mismos conflictos, id&eacute;nticos malentendidos; palabra maldita esta, que corroe las entra&ntilde;as y ante la que sent&iacute;a una aversi&oacute;n a la que tildaba de filos&oacute;fica por el papel que jugaba en su vida, el incomprendido al que tachaban de ser un maldito fan&aacute;tico, defensor de los m&aacute;s rancios y tradicionales valores, alguien que parec&iacute;a detenido en el tiempo, cuya vida se hubiese ralentizado tan dr&aacute;sticamente hasta transmutarse en una pura entelequia del pasado, y ser al mismo tiempo un visionario, un profeta del futuro, una mezcolanza de Julio Verne y Nostradamus, alguien capaz de descartar lo superfluo y embellecer lo esencial, de darse cuenta de la inherente paradoja que supone discernir entre lo real y lo ilusorio, al descubrir que inventar historias puede ser un placer en s&iacute; mismo y a su vez una injustificada paranoia que lo margine de su entorno, aisl&aacute;ndole, la soledad del corredor de fondo, conden&aacute;ndole a un ostracismo tan pat&eacute;tico como una bailarina encerrada en una caja de m&uacute;sica muda. </p><p>Esgrim&iacute;a como espada una mirada vac&iacute;a, una pluma estilogr&aacute;fica en la mano, una prolija conversaci&oacute;n con sus esp&iacute;ritus fantasmales que transcrib&iacute;a a trav&eacute;s de unos garabatos festoneados sobre un inmaculado papiro a la difusa luz ambarina del atardecer, exhibiendo un fingido azoramiento frente a la actitud pedante de sus personajes inventados, su jerigonza nativa, su perfeccionismo intransigente que no le permit&iacute;a ser vulgar, sino formar un todo coherente, un querer demostrarle a aquel mar oc&eacute;ano de celulosa blanca sobre la que escrib&iacute;a sus fantas&iacute;as, qui&eacute;n era all&iacute; el m&aacute;s inteligente, el poseedor tanto de frases lapidarias y mordaces, como de palabras medrosas y pusil&aacute;nimes, era una eterna batalla en la que le herv&iacute;a la sangre s&oacute;lo con pensar en aquel obtuso mont&oacute;n de clich&eacute;s contra los que lanzaba vituperios y exhib&iacute;a modales desde&ntilde;osos y socarrones, con un desd&eacute;n atolondrado y desva&iacute;do cargado de un reproche extra&ntilde;o y taciturno que apabullaba al m&aacute;s pintado con sus deducciones de viejo lobo estepario. </p><p>Ard&iacute;a de deseos, de lucha justa y de protesta, de disputas en gallarda lid, de vencedor del desatino, de gozar de ese pecado particularmente deleznable con resabios de mentalidad dictatorial en el cual indagaba de forma insalubre cuando ese jinete del apocal&iacute;psis que &eacute;l llamaba el engendro de la depresi&oacute;n le atosigaba, sumando a ese pecado de nombre omnipotencia, -conseguir siempre lo posible y lo imposible-, m&aacute;s all&aacute; de la simple zarandaja en que se queda la libertad y su simpleza de elecci&oacute;n dentro de los m&aacute;rgenes de lo realizable, su quimera y su utop&iacute;a se fueron forjando en su naturaleza fr&aacute;gil y asustadiza de lector impenitente que le confer&iacute;a un aire de un algo inefablemente conmovedor, su inocencia. </p><p>A menos que fuese un ardid para estimular su intelecto, los comentarios mordaces e impertinentes le repugnaban, fuera de la mirada absolutista de sus propios hijos novelados, mezquinos, desde&ntilde;osos, taciturnos, desquiciados, a los que dejaba protestar y tergiversar dentro de su cabeza como si tuvieran vida propia, libre albedr&iacute;o, personajes inventados que se independizaban de su amo, desapegados a su esencia, vagando emancipados de su patriarca creador, y a la par que se convert&iacute;a en fisg&oacute;n de sus h&eacute;roes y villanos, espiando su resplandor con mirada absoluta y sin contraste, trag&aacute;ndose su corajudo car&aacute;cter de jactanciosos y descre&iacute;dos tipejos que gallardeaban siempre hoscos e irascibles, derrochadores de alaridos en su jaqueca natal. Justo era indignarse contra ellos, estrafalarios e intransigentes, primitivos, vivaces y alegres, pugnando por salir para enamorar susceptibilidades a flor de piel en papiros ordinarios engalanados de celulosa, de permanecer ardientemente ideales, vanidosos, en el exuberante mar oc&eacute;ano de lo no le&iacute;do. La perspicacia de sus extrovertidos invitados, que se apostaban en su azotea, viviendo sus propias historias, le chantajearon con un inopinado reto. </p><p>&iexcl; Qu&eacute; dif&iacute;cil es morirse siendo reflejo sobre blanco &iexcl; </p><p>El inocente narrador cedi&oacute; a su antojo, les escupi&oacute; sobre papel, y desistieron de volverle loco. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Tue, 18 Apr 2006 20:00:00 +0000</pubDate></item><item><title>Tigmotactismo</title><link>https://jugador_s.blogia.com/2006/012601-tigmotactismo.php</link><guid isPermaLink="true">https://jugador_s.blogia.com/2006/012601-tigmotactismo.php</guid><description><![CDATA[Sensitiva, vergonzosa, dormilona. <br /> <br /> Especie: Mimosa p&uacute;dica.<br /> Familia: LEGUMINOSAE. <br /> <br /> Distribuci&oacute;n: Am&eacute;rica tropical. <br /> <br /> <br /> &nbsp;<br /> Mi especie vegetal preferida es, sin lugar a dudas, una extraordinaria planta de flores blancas, rosado malvas, me atrae sin yo saber realmente bien el motivo, me atrevo a decir fehacientemente que me he enamorado de este trocito de universo floral.<br /> Tiene un algo especial que la hace diferente.<br /> Es t&iacute;mida, vergonzosa. &nbsp;<br /> <br /> Muy bella, pero muy sensible. Retra&iacute;da, pero hermosa. <br /> <br /> Su brillo especial est&aacute; en sus hojas, compuestas, bipinnadas, formadas por 2 pares de pinnas que contienen m&aacute;s de una docena de pares de foliolos, hojillas con forma de helecho que est&aacute;n dotadas de una cualidad, el tigmotactismo, rara palabra, vayamos y descubr&aacute;mosla, dot&eacute;mosla de significado, investiguemos su contenido. <br /> <br /> No tocar, reza la leyenda en un cartel, a su lado, en el jard&iacute;n bot&aacute;nico. &nbsp;<br /> <br /> Las prohibiciones llaman m&aacute;s la atenci&oacute;n que el hecho de no existir, lo prohibido es excitante, infunden curiosidad y morbo, fue ese &ldquo;no tocar&rdquo;, del cartel, el que precisamente me tent&oacute;, el que me habl&oacute;, el que me susurr&oacute; al o&iacute;do que deb&iacute;a quebrantar aquella norma, y me forz&oacute; a rozar con mis dedos las hojas de la Mimosa, a veces, lo prohibido est&aacute; puesto incitando a profanarlo, y la Mimosa tembl&oacute; asustada, su hoja compuesta se retir&oacute;, encogi&eacute;ndose, dobl&aacute;ndose sobre si misma, retir&aacute;ndose, escap&aacute;ndose de mi curiosidad, la hoja se repleg&oacute; sobre si, sobre su tallo, dej&aacute;ndose vencer por su peso, hu&iacute;a de mi, hu&iacute;a de cualquier contacto, como si me tuviese miedo, una dactilofob&iacute;a inventada, el tigmotactismo.<br /> Curiosa planta, pens&eacute;, est&aacute; viva, no tienes pies para correr, pero sabes escapar. <br /> Toqu&eacute; con mis dedos otras hojas, y todas ellas, al contacto, se iban replegando cual acorde&oacute;n, cual pudorosa mujer que esconde sus atributos femeninos tras sus manos en los cuadros de afamados pintores. Me ten&iacute;a miedo. Pero era frondosa, expansiva, altanera, crec&iacute;a en todas las direcciones, florec&iacute;a radiante y pura, con flores cuales copos de nieve arrastrados por el viento. &nbsp;<br /> &nbsp;Me aficion&eacute; a ella, a aquella preciosa flor de invernadero, sensible, sensitiva, mimosa, me atra&iacute;a tanto que el jardinero empez&oacute; a verme como un compa&ntilde;ero m&aacute;s de trabajo, pues paseaba todas las tardes a su lado, por verla, por ver su porte, su crecimiento, su desarrollo, sus flores, su duende, y a escondidas, cuando nadie hurtaba nuestros momentos &iacute;ntimos, toqueteaba sus hojas con mis dedos, y ella siempre actuaba del mismo modo, las encog&iacute;a, se me escapaba, se guarec&iacute;a en su interior, y yo sonre&iacute;a, era como ver a una mujer con un rubor a flor de piel que te rechaza sin ganas, mi Mimosa p&uacute;dica, mi planta de flor blanca, malva rosada. &nbsp;<br /> <br /> Me siento sobre la pared del estanque de piedra a contemplarla, se dir&iacute;a que quisiera hablarme, que tuviese ojos que me miraran fijamente incit&aacute;ndome a acercarme, a darle un abrazo enorme que englobase todas sus hojas, todas sus flores blancas, malvas &oacute; rosada, todas sus ramas, y sus tiernos tallos, mi sensitiva. <br /> &iquest;C&oacute;mo se domar&iacute;a una planta? .<br /> Si es posible hacerlo con una fiera, la fierecilla domada, &iquest;Qu&eacute; argucias emplear con una Mimosa p&uacute;dica? . &iquest;Con el mimo, con el cari&ntilde;o? . <br /> Me interesa esta planta, investigo, y descubro que la verg&uuml;enza es un ardid defensivo contra depredadores, pues al replegarse finge ser una planta mustia y marchita, y &hellip; &iquest;Me creer&aacute; acaso un depredador?. Yo , que la idolatro tanto, por ser tan suya, tan sensitiva.&nbsp; &nbsp;<br /> <br /> A veces me entreten&iacute;a a mirar los nen&uacute;fares, las plantas colgantes, el difuminado velo del agua llorando roc&iacute;o sobre la estancia aclimatada al ecosistema tropical, h&uacute;medo y c&aacute;lido, aspersores chorreando niebla, gotitas de &aacute;mbar sobre el sal&oacute;n acristalado, irrigando de frescor la savia, y al t&eacute;rmino de aquel deleite, de aquel ba&ntilde;o en mir&iacute;adas de orop&eacute;ndolas, al volver a mirarla, a veces, ella ya hab&iacute;a vuelto a desplegar sus hojas, a mostrar su esplendor vital y era cuando yo volv&iacute;a a sonre&iacute;r, reprimiendo mis deseos de volver a acariciarla, hasta aquel d&iacute;a, confundido en el anonimato, que la bes&eacute; con mis labios, suave, tierno, me supo a clorofila, a menta, a ensalada de verano, la bes&eacute; sin pensarlo, como quien besa a una madre con un beso de despedida, y ella se qued&oacute; quieta, tranquila, verde y pura, bes&eacute; otra hoja y sus dientecillos de sierra acariciaron mis labios, se qued&oacute; dormida, so&ntilde;ando. <br /> Unos pasos sobre el empedrado me despertaron de aquel contacto, la intimidad dej&oacute; de ser tal, y le dije adi&oacute;s, con intenci&oacute;n de regresar una vez m&aacute;s. <br /> <br /> Ahora, cuando la veo, la doy un beso, sonre&iacute;mos los dos, me ense&ntilde;a sus vestidos, sus ropajes, sus nuevas flores, su perfume, me regala un deseo imaginario y d&aacute;ndole la mano nos imaginamos viajando a un ed&eacute;n tropical, so&ntilde;ado, nuestro, real, donde sus hojas no huyen ante las caricias ni los besos ni los abrazos.<br /> Me dicen que pliega sus hojas al llegar la noche, pero en este lugar de ensue&ntilde;o ser&aacute; donde podamos pasar una noche juntos, sin plegar sus hojas en la oscuridad, como suele hacer cuando las estrellas salen a pasear, so&ntilde;ando mimosas tras el cristal.&nbsp;&nbsp; &nbsp;<br /> <br /> Le gustan mis besos, y a veces, en horas como esta, no huye, se muestra radiante en su verdor, se viste de blanco malva rosado, con sus flores, me deja tocarla despacio, otras, la miro desde lejos y contemplo su vida al lado de otras visitas que la asedian, que leen la leyenda del cartel y suelen respetarlo, siempre bajo la atenta mirada de un jardinero, jardinero que se ha declarado c&oacute;mplice de mis visitas, &eacute;l la cuida, la mima, la acompa&ntilde;a, nos cuida, nos mima, nos acompa&ntilde;a y nos deja solos. <br /> <br />]]></description><pubDate>Thu, 26 Jan 2006 20:15:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
